Mientras escucho tu música preferida que tengo en el blog, intento ordenar mis ideas sobre la excursión que hicimos a Binigaus y su entorno de cuevas. Bueno Loren, si no me equivoco, esta es la primera excursión que hemos realizado la colla en este 2008, primer año sin contar con tu presencia.
Realmente disfrutamos mucho, pero que mucho, mucho. Y…no lo sabes bien las veces que te tuve presente. Se aliaron varios de esos factores que a ti tanto te gustaban: el buen tiempo, la buena compañía y descubrir parajes naturales de esta maravillosa isla.
El buen tiempo, ni que hubiese sido encargado. Un día radiante, de solecito, ideal para pasear. Después, a la hora de comer, nos dejó un poco destemplados, con la suave y jodida brisilla que nos dejó tiritando a más de uno.
Sobre la buena compañía ni te cuento. El Café Balear logró congregar a unas 80 personas, y nosotros , como buenos parroquianos cambiamos esta salida por la mensual de la escuela de adultos. Solamente faltaba la familia Salord-Sans. Y los juniors a caminar y a fisgonear por todo. Estaban encantados con las linternas dentro de las cuevas. La luz sobre oscuridad es algo que atrae tanto a personas como a animales. Al final Júlia se resintió de su delicada espalda, recuerdo de un exceso de montar equinos. Magda disfrutando y me imagino que recordándote con cada lugar guapo que pasábamos y con aquellas “vistas fotográficas” con las que inmortalizó la excursión. Tere sufrió un buen raspazo en su cabeza por un exceso de confianza con ciertas ramas bajas traicioneras. Magdalena, mi mujer aterrizó cuan larga era, que ya es un rato, sobre la enclova y otras plantas silvestres, ya que su pie y la piedra situada en mitad del camino, no se pusieron de acuerdo a la hora de pasar . Entre risas comentó que hacía mucho tiempo que no se daba una sota semejante. Onofre fue como siempre el animador del camino, junto a Simón y Yolanda, quienes por fin pudieron venir a una excursión conjunta
Y qué decir de los maravillosos parajes que visitamos. Caminar desde la casa de Binigaus por el interior del barranco hacia las cuevas fue un lujo para la vista. Pasar por debajo de túneles de vegetación, descubrir minilugares sombríos donde se debe estar de aúpa en el verano, pasar al lado de las primera margaritas que anuncian una pronta primavera, traspasar grandes rocas desprendidas de las vecinas crestas y que son como silenciosos y gigantescos guardines del camino, pisar miniprados llenos de ese verdor que tiene el vigor de la naturaleza , alternar zonas de una claridad resplandeciente, donde el sol y el verdor intenso son los protagonistas, con la oscuridad de pequeñas espesuras de ramas que actuaban de pequeñas aduanas del camino. Los mil y un contrastes de los musgos y líquenes aferrados a las piedras y rocas del camino, que con sus tonos ocres, amarillos mustios o verdes vivos, salpicaban continuamente el camino a modo de hitos que marcaban la ruta. La maravilla y el misterio que encierran las cuevas d’Es Coloms y Na Pulida; el secreto de cómo se formaron; la paciencia, que de eso le sobra a la naturaleza, de construir gota a gota las maravillosas estalactitas y estalagmitas; lo que nos podrían susurrar los rincones de cada cueva sobre los animales y personas que por allí han pasado a lo largo de miles de años; la fascinación de lo bello, de la arquitectura natural, de lo que es imposible para las manos humanas y admiración hacia la capacidad de la naturaleza para actuar siguiendo unas leyes antiquísimas de construcción y modelaje del paisaje. Todo eso, junto y por separado se me venía a la cabeza, y me imaginaba, Loren, viéndolo con tus ojos y sintiéndolo con tu mente. Tus ojos de artista habrían hecho más fotos de las que hice yo, de eso estoy seguro.
El final del día nos dejó otra sorpresa agradable: una visita al interior de la casa del señor de Binigaus por parte de Vicens el buen pagés que lo cuida todo. Realmente está para chuparse los dedos. Con unos arreglos y un par de primitivas ganadas me plantearía ser terrateniente y señor de Binigaus.
El arco iris de la naturaleza, esta naturaleza que tú tanto amabas y que se nos ofrecía voluptuosa y tentadora, esa misma naturaleza la hemos sabido aprovechar, disfrutar de ella como tú lo hubieses hecho. Sin quererlo ni buscarlo directamente, te hemos vuelto a hacer un sencillo homenaje, Loren, un homenaje de vida.
De todo CORAZÓN
Pepe
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