Ahora que ha pasado un espacio de tiempo prudencial en el que se va dulcificando el dolor de tu ausencia eterna, en el que buscamos paz en la guerra interior que mantenemos por aceptar tu ausencia y en el que la palabra serenidad pugna por sustituir a la tan manida resignación, me atrevo a presentar este escrito, recordándote unas cuentas pendientes que nos debemos mutuamente.
Mientras escucho tu música favorita, que me sirve para inspirarme cuando me dirijo a ti, Loren, no dejo de darle vueltas a una espinita, que llevamos todos los que hemos estado contigo, clavada en el corazón…y creo que aún más profundo…en ese santuario intocable y personal que nos define como personas diferentes al resto de los mortales.
Hablando, hablando con Magda, Pere, Marga, Nofre, Tomeu…todos coincidimos en que tu repentina marcha nos dejó con un montón de cosas a medias. No me refiero al hecho de quererte, porque eso ni se cuestiona, sino a un cúmulo de cosas que día a día van saliendo en las conversaciones. Desde cosas banales referidas al negocio familiar, los enchufes, las TV a medio programar,hasta el que toca el CORAZÓN de cada uno de nosotros. En este aspecto me quiero detener.
Lo fundamental y lo más importante es que ninguno pudo despedirse debidamente de ti como hubiese querido. Bosco te dijo un adiós normal, de los de ir al colegio a la tarde, Júlia y Magda el adiós del padre y esposo que habitualmente va a trabajar antes que todos, acompañados quizás los tres adioses con un beso fugaz habitual. Yo, al igual que tantos otros, nos dijimos un hasta luego habitual, el adiós esperanzado de los que se van a ver más tarde, en esa semana, al día siguiente o esa misma tarde. Un adiós dado por los que confían en que la vida les siga dando más oportunidades de seguir viéndose.
¡Qué diferente hubiésemos actuado si hubiéramos sabido que ese último adiós era el último, el definitivo, la despedida final! El consuelo que nos queda es irnos despidiendo lentamente de ti, pensando lo que te hubiésemos dicho, desgranando cadenciosamente cual rosario, todo un cúmulo de vivencias, historias personales, chistes, esperanzas, proyectos de futuro…la vida en su esplendor como a ti te gustaba. Y cómo no, fundiéndonos cada uno de nosotros contigo en un abrazo prolongado, hondo, sintiendo el calor de tu cuerpo, el latir de tu generoso CORAZÓN y el ritmo de tu vida. Creo que la ilusión de todos para con los que queremos es poder meternos en la piel de la persona amada y sentir, sentir con estos limitados sentidos que disponemos, la enormidad de sensaciones que conforma un ser humano, y poder absorber hasta el tuétano la esencia del otro yo.
Mi segunda espinita que me aguijonea e inquieta a veces, sigue siendo ese horizonte inacabado de planes con la colla que ya estaba tomando la forma de una sólida amistad. Un futuro en el que todos estábamos colaborando a los 100%, vestidos con nuestras mejores sonrisas, y engalanados con las ganas de que no tuviese final, de que el paraíso vivido durante el verano se continuase con un invierno de cielo. ¡Todo esto vivido en plena madurez de nuestras vidas, que ya tiene tela el asunto!
Cada uno tendrá sus espinitas particulares contigo, y por eso mismo, la conclusión que sacamos todos, es que no vamos a dejarte ir tan rápido de nuestras vidas, no te vamos a dejar descansar hasta que no hayamos saldado las cuentas personales pendientes. Todavía tienes que opinar junto a Magda en los pasos a dar con la tienda, confortarla en esos momentos íntimos que te dedica a diario y asesorarla con el día a día de Bosco y Júlia. Has de seguir siendo ese padre afectuoso, cariñoso, conocedor a fondo de los puntos fuertes y las debilidades de tus hijos, para hacerlos crecer como una familia fuerte y unida. Has de seguir alentando a Bernat, para que no desfallezca y no pierda esa sonrisa de su rostro sereno. Has de seguir consolando a Tomeu, que estuvo contigo en tus últimos momentos, con esas palabras que solamente tú sabías decir cuando el continuar con el trabajo se hacía más pesadito. Has de seguir con nosotros, los de la colla, repartiendo alegría, sonrisas, ganas de vivir.
Loren, has de continuar presente un tiempo más con nosotros, antes de que pases a la cotidianeidad de nuestras vidas. Tiempo al tiempo para poder decirte adiós con tranquilidad, Loren.
De todo CORAZÓN
Pepe
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