Un mes y pico hace ya que te has idos, Loren…en términos humanos no es nada, en términos del corazón toda una eternidad. A todos nos parece que te hayas ido de viaje, a un largo viaje, y que todavía no has regresado.
Empiezo hoy a contarte esto, Loren, porque por las fechas en que estamos, todo el personal se ha dedicado a recordar a sus difuntos con flores y visitas a los cementerios. Estos lugares donde el relax, la paz y la tranquilidad reina durante todo el año, se han visto asaltados de ruidos, murmullos, un ir y venir frenético y continuo…vamos se han llenado de vida.
Confieso que no había visitado nunca de motu propio el de Ferreries. La primera vez la hice contigo, acompañándote en tu último viaje, el kilómetro exacto que separa Sta María de tu última morada. Después, he vuelto en un par de ocasiones, antes de las fechas multitudinarias. Quería estar tranquilamente a solas, rememorar el último trayecto, las emociones finales de los tuyos y de la colla durante aquel fin de semana infeliz. En el fondo, buscando tranquilidad y sosiego cerca de ti, para establecer una conversación íntima, con los ojos entornados y la memoria despierta. No fui a sufrir. Has de entender que, a los que todavía estamos aquí, nos cuesta entender que te hayas ido y que tengamos que aferrarnos a estas vivencias humanas que nos proporcionan los sentidos, para poder sentirte más cercano a cada uno de nosotros. Parece que acercarnos allá donde reposas, donde todavía queda algo de tu presencia física en este mundo, nos acerca mucho más a tu recuerdo, refresca nuestra memoria, aviva nuestros corazones e inunda nuestra ánima de cierta paz y tranquilidad, que para eso vamos a visitarte.
Incluso hemos querido eternizar tu recuerdo, grabando en piedra, para las posteriores generaciones, tu nombre y unas frases preciosas sobre la semilla del amor que has depositado en todos los que hemos estado cerca de ti. Los que vengan después lo leerán. Las preguntas que se hagan sobre ti pasarán a formar parte de la historia oral de tu familia, de la historia de tus amigos. Formarás parte de esa tradición oral, patrimonio de todos, que se repetirá durante al menos dos generaciones. Los nietos, tus nietos, sentirán contar “batallitas” del abuelo Loren. ¡Qué guapo Loren!
Si he de serte sincero, antes y después de visitarte varias veces, he ido y regresado sereno, pensando en que escribirte todo este mogollón de cartas que te he dirigido, me han servido para tenerte igual de presente y rememorarte agradablemente. Te celebro interiormente, te homenajeo cada vez que me doy cuenta que estoy vivo, que disfruto con estos sentidos materiales que mi cuerpo todavía conserva en buen estado.
Nuestro ciclo de vida nos llevará un día a estar en tu misma situación. En las iglesias, el miércoles de ceniza, se le recuerda a los vivos nuestra efímera existencia, con unas palabras fortísimas, un tortazo a nuestras soberbias conciencias : “polvo eres y en polvo te convertirás” o “pulvis eris et in pulvis reverteris” (en latín que suena más chulo). El título de este escrito tiene que ver con este polvo humano al que estamos abocados. Me acordé de Quevedo que hablaba sobre este tema en un soneto precioso:
“Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado”
Rebuscando, rebuscando me encontré con este otro poema más moderno, de Luis Eduardo Aute, que deja también a las claras el tema del polvo enamorado. Lo transcribo a continuación:
"No le temo a la vida ni a la muerte
cuando siento en mi pecho palpitar tu corazón,
no hay poder en el mundo que consiga
doblegarme por la fuerza a su razón
cuando eres tierra,
cuando soy agua.
No hay misterio que oculte su secreto
cuando siento en tu cuerpo que el principio es el final,
que la vida es el sueño que me acuna
Por tu vientre más allá del bien y el mal
cuando eres tierra,
cuando soy agua.
Y si al fin no somos más que polvo,
seamos polvo, seamos polvo nada más...
mas polvo enamorado.
No hay becerros de oro suficientes,
ni perfumes de incienso ni coronas de laurel
que consigan sembrarme ni la duda
de alejarme un sólo instante de tu piel
cuando eres tierra,
cuando soy agua.
No me importa instalarme en la locura,
ese infierno divino donde Dios y Lucifer
inventaron al ángel y al demonio
que conviven en tu cuerpo de mujer
cuando eres tierra,
cuando soy agua."
De todo CORAZÓN
Pepe
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