martes, 30 de octubre de 2007

EL TREN DE LA VIDA, LOREN

Dicen que el tiempo es como una gran manta que lo acaba sepultando todo, y que muchas de las cosas caen en el olvido. Sin ir más lejos, las grandes civilizaciones de los egipcios, romanos, griegos han tenido que ser rescatadas de la capa de tierra que las mantenía ocultas, y eso que fueron los motores de nuestra civilización durante miles de años.
Nuestra corta existencia humana no es nada más que un suspiro en esta larga cadena histórica. Sólo nos da tiempo a apreciar vagamente el pulso de la vida y a no creernos que hacemos LA HISTORIA cada día con nuestras sencillas historias de personas normalitas. Pero, y aquí está la clave de la vida, Loren, la vida a cambio nos ofrece, una y otra vez, mogollón de oportunidades de escribir nuestro propio libro de vida.
Esta oportunidad, Loren, que nos ha brindado cuando ha permitido que nos crucemos contigo y poder compartir contigo un trecho que prometía mucho… prometía ser largo, intenso, agradable…fantástico. Solamente le ha fallado el ser largo, lo demás ha sido magnífico.
Dicen que hay trenes que pasan por la vida de cada persona y que de nosotros depende el montarnos o dejarlos pasar. Yo creo que me monté en tu tren un poco tarde, después de que hubiese pasado varias veces por delante sin hacerle demasiado caso, al igual que me topo cada día con gente del pueblo a la que saludo cortésmente, pero sólo se queda en eso, en la cortesía, no en la amistad.
Prefiero el símil de otro tren. El que dice que la vida es un tren con muchos vagones, al que subes cuando naces y bajas cuando te llega tu estación final, a cada uno la suya. De cada uno depende el ir recorriendo los diferentes vagones, e ir conociendo a más personas. Con algunas haces un largo periodo de tiempo, la familia cercana, con otros comparte trayectos más cortos. Cuando llegué al vagón en el que tú estabas, Loren, ya estaba por allí toda la colla actual. ¡Qué agradable colla, y qué agradable ambiente!
He recorrido contigo un corto trecho, vivido muy intenso, de los que dejan huella. ¡Mira si deja huella que todavía te escribo estas líneas con lágrimas a modo de tinta! Me alegro muchísimo de haber compartido contigo momentos irrepetibles.
Sigo en el vagón que la vida me ha concedido continuar. Esta vez ya con una compañía excelente. El mejor homenaje que te podemos conceder es seguir viviendo, disfrutando cada momento con el paisaje que el tren nos proporciona.
¡Un brindis a la vida, Loren!
De todo CORAZÓN
Pepe

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