Por tradición y cultura parece ser que las sonrisas y las lágrimas deben seguir caminos distintos a la hora de expresar sentimientos tan opuestos. En mi modesta opinión, siguen muchas veces caminos paralelos y entrecruzados. Me acuerdo de una pequeña anécdota referente a dos amigas que saliendo del cine comentaban: “¡Qué bien lo hemos pasado con la película!, ¡hemos llorado tanto…!”. Me acuerdo con emoción las veces que ante una situación adversa o complicada he llegado, como creo que otras miles de personas, a expresar llanto de desesperación y a echar unas risas, quizás de nerviosismo histérico, parodiando esta situación. Las dos situaciones me han servido para lo mismo: relajarme y afrontar el reto.
Me perdonarás todas estas disquisiciones, amiga Magda, pero creo que empezarás a encontrarte con estas situaciones que vienen aparejadas: los recuerdos y el fluir diario de nuevas situaciones que contribuirán a sonreir o a entristecerte.
Los recuerdos te vendrán de una manera espontánea, sin pensarlo, al modo de “Ses Fonts Ufanes” de Mallorca, que brotan cuando su capacidad de almacenaje llega al límite. Llorarás y sonreirás de manera indistinta. Te sentirás a gusto recordando este o aquel detalle de Loren, tal o cual comentario, lo que hubiese hecho. Te sentirás complacida y estimulada para seguir adelante muchas veces , con sólo recordar un simple gesto de la cara de ese hombre tan magnífico que fue Loren. Una sonrisa que vale un tesoro, una gotita de ánimo que llenará tu día.
De igual manera sentirás pena, se te escapará una lagrimita, que contendrás delante de tus hijos, familia o clientes, pero que, cuando estés a solas contigo misma, delante del ordenador, en la cama, al verte frente al espejo, viendo el programa favorito de la Fox que veíais juntos…darás, y espero que así sea, rienda suelta a esas “Fonts Ufanes” que se te han acumulado a lo largo del día o la semana. Deja brotar y fluir mansamente tus sentimientos más íntimos. Una lágrima vale un tesoro, otra gotita de ánimo para llenar tu día.
El día a día te sigue acechando, y como un torbellino, te lleva. Como dicen los clásicos: “baste a cada día su afán”. Ese afán es el que te hará ir volviendo a la normalidad. Recobrar el pulso de la vida después de catástrofe requiere de valor, paciencia y grandeza de ánimo. Tú tienes las tres cualidades. Tu recuperación será progresiva. Tus hijos, con sus nuevos afanes, te ayudarán a superar este amargo trance más rápidamente.
Llora, sonríe…relájate, respira hondo, llena tus pulmones con el aire de vida que te rodea. La colla está ahí cerca para lo que necesites. Necesitas sentirte viva otra vez ahora que ha desaparecido una vida que daba sentido a la tuya. ¡Otra contradicción de sonrisas y lágrimas!
De todo CORAZÓN
Pepe
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