martes, 2 de octubre de 2007

A mi amiga Magda

Amiga Magda

Se me hace difícil escribir más palabras de consuelo y estímulo para una persona que precisamente, durante todo este difícil trance, ha dado pruebas de tanto aplomo y entereza. O sea, que nos has consolado más tú a nosotros que viceversa,¡ tela, tela!.

¡Qué fin de semana Magda! A unas pocas horas de encontrarnos en el Balear delante de unas consumiciones y de toda la colla, el destino cochino te la ha jugado y nos la ha jugado a todos. Pasamos, como tú, de la incredulidad al llanto, del cielo al infierno, de lo cotidiano a lo extraordinario y de lo placentero a lo doloroso.

Ponerse en tu piel me resulta difícil, sobre todo después de ver cómo has afrontado la desaparición de Loren, tu esposo, amigo, confidente y compañero de fatigas durante 20 años, que se dicen rápido pero que ya son, ya. Le habrás dado vueltas y más vueltas a los últimos instantes de su vida, al lado de Tomeu, compartiendo su pena. (Tomeu tendrá un largo periodo de duelo interior). Su corazón, ese noble corazón que sólo había dado síntomas de vitalidad, se cansó de vivir, ¡qué paradoja!. Ahora que renacían en él nuevos bríos de vida, muchos proyectos comunes, más savia nueva para un árbol maduro, ahora, ese noble corazón decidió que ya no podía aguantar más, así sin más, sin consultar al cerebro. Después de este fabuloso año con toda la colla y del inolvidable viaje familiar a Punta Cana, me pregunto si se cansó de ser más feliz, tal vez creyó engañado que ya se había alcanzado el Everest de la felicidad y decidió bajar de golpe.

Tus siguientes pensamientos habrán ido para tus hijos, cómo conseguir que la noticia no les derrumbase y cuál habría de ser tus maneras de comportamiento delante de ellos (tengo que decir que, al igual que a Loren le salía de natural la sonrisa y la coña, a ti te ha salido esa pacífica serenidad que nos ha dejado a todos impresionados).

Y…llegó la noche, tu primera noche sin Loren. Parece que todos los que nos congregamos en tu casa queríamos llenar ese inmenso hueco en tu interior. Los que nos congregamos allí sólo conseguimos llenar la casa y mitigar, hacer más llevadero las primeras horas de tu nueva vida, porque es una nueva vida la que sin querer te has visto obligada a tomar. No fue un velatorio al uso de la España profunda. Fue toda una lección de saber estar, ¡olé tus …varios! Aguantaste de pie todo el rato, agradeciendo una y mil veces todas las palabras que te decíamos. Al llanto respondías con calma, a una palabra serena con otra igual, a una cara triste, una mirada serena. Te lo juro, si te hubieses derrumbado en cualquier momento, lo cual estabas en tu perfecto derecho, hubiésemos caído la mayoría. Fuiste tú la que nos has aguantado durante todo este triste proceso. A ti te debemos no estar “més fotudos” de lo que estamos, lo cual es de agradecer. El despertar de Bosco os puso a prueba a ti, a Tere y a Júlia, ¡ufff qué momento!

Ahora tendrás tiempo de ir rumiando lentamente todas y cada una de las caras que allí viste , así como los mil y un comentarios que allí te dijeron. Con algunos tu corazón volverá a dar un latido más pronunciado que los demás y tu mente los grabará a fuego. La noche con su soledad, te invitó al menos a intentar descansar, cosa que no pudiste hacer. Me imagino que te repetirías en tu fuero interno que esto no era más que una pesadilla, un mal sueño, como tantas malas jugarretas que nos juega la mente cuando el cuerpo reposa por la noche. Palpar el lado vacío de la cama de Loren te habría devuelto a la dura realidad cada vez que tu imaginación volaba por esos mundos etéreos.

Y…llegó tu cumpleaños, ¡uff que día de recuerdos de cuando lo celebrabais juntos! ¡qué día de sentimientos opuestos encontrados! Por un lado recibiste el aluvión de personas que venían a testimoniarte su dolor y por otro dabas un paso más en la vida, un año más en tu “curriculum vitae”. La vida y la muerte caminando juntas, el dolor y el gozo, la alegría y la tristeza. Sin tiempo material para procesar mentalmente todo lo que había pasado 12 horas antes, ya estabas inmersa en una dinámica de abrazos, sollozos contenidos, palabras a media voz, entrecortadas por la emoción, y…tú allí de pie con esa dulce y serena sonrisa dando ánimos a todo el mundo. Vuelvo a repetir, si te hubieses derrumbado, ahora estaríamos mucho más afligidos. Vuelvo a darte las gracias por llevar paz a nuestros corazones.

Y…acabó el sábado, 24 horas escasas desde la desaparición de Loren, toda una eternidad. Pudiste dormir un poco, hasta que el subconsciente te volvió a la realidad. Sacaste fuerza el domingo para escribir una emotiva carta, preparar mil y un detalles del funeral, charlar con Júlia y Bosco y empezar a pensar en el futuro lentamente.

Y…legó el lunes, el día del último adiós, de mantener en la retina la última imagen física de un cuerpo que seguiría con su ciclo natural al que todos estamos llamados. Tu última cita familiar con Loren fue allá mismo, en su lugar de descanso en paz. Los tres juntos fuisteis a llorar en silencio, a mantener una conversación interior muy particular con el esposo y padre. Supongo que se escaparían promesas a mantener en su memoria, mezcladas con los sonidos de su voz inconfundible, ¡cómo debían resonar en esos momentos! Esa última despedida os trajo a todos la tranquilidad que supone poder despedirse a solas de él, sin ruidos, solamente para nosotros tres, ¡qué valientes Bosco y Júlia! ¡cada una de sus lágrimas ha sido una valiosa perla regalada a su padre!

En el funeral las emociones y sentimientos surgieron en determinados momentos, cuando se mencionaban aspectos personales de Loren. Magda, tú ya ibas preparada, agarrándote a las manos de vida de tus hijos para transmitirles quietud, fe amor y esperanza. Desfilaron delante de ti una multitud de gente respetuosa con tu dolor, ¡cuánta gente dios mío! Es que Loren era muy querido, como bien se ha visto. Supongo que irías procesando rápidamente entre las palabras de agradecimiento que dabas y recibías, todas y cada una de las caras que pasaban. “Anda pero si ha venido este que no le veía hacía tanto tiempo”, “y este también, ¡vaya!”. Con algún que otro comentario, tu corazoncito todavía se ponía sensible y latía agitado, ¡no te lo dejaron descansar ni un momento! Después tendrás tiempo de volver a rumiar todo este cúmulo de sensaciones.

La despedida en el cementerio, con la vista dirigida a su nueva casa, resistiendo a dejar de mirarla, aún después de cerrada, como tratando de hacer una de esas fotos que tanto le gustaba hacer a Loren de los lugares por donde pasaba. “Estás ahí y ahí dirigiré mis pasos cuando quiera desahogarme contándote cosas en directo” “Te perfumaré con flores y te regaré con mis lágrimas”

Te habrás preguntado el por qué, para qué y el cómo. Difíciles respuestas que las habrás ido madurando. Te espera un tiempo de asentamiento de todas estas dudas en tu cerebro. La vida cotidiana y la rutina te ayudarán bastante. Prepara la comida, merienda, arreglar la casa, pagar, cobrar, abrir la tienda…y bueno aquí llegamos nosotros, la colla de replegats que algo tenemos que decir en todo esto.

En primer lugar, la vida por dura que sea, continúa con o sin nosotros. El sol sale perezoso cada día por Maó y se acuesta bostezando en Ciutadella. La luna se deja ver como tramposa que es, cuando quiere, a trozos. Las plantas y los animales siguen con su ciclo de vida y muerte, de construcción, destrucción y vuelta a construir. Las personas somos naturaleza igualmente, no escapamos a sus leyes por duras que nos parezcan. Tenemos nuestros ritmos, un día celebraremos un nuevo bebé y otro recordaremos a aquellos que se nos han ido.

La colla de replegats debe seguir ahora más que nunca, manteniendo unos ritmos que nos hagan seguir con el pulso de echamos a la vida. ¿Por qué no seguir con el bocata de cada viernes al Balear para planificar cenas, excursiones, acampadas…el canto a la vida, como le hubiese gustado a Loren. Ponernos tristes y replegarnos en nosotros mismos, lo único que serviría es para recibir una reprimenda de Loren, algo así como “¿Estáis gilipollas o qué? ¿Es que no lo sabéis pasar bien vosotros solitos? A” A ver si me dais envidia con todo lo que tenéis planeado” “¡Venga, tira p’alante!

A lo dicho, nos espera un reto importante que sabremos asumir, proceso que servirá para cicatrizar las heridas del corazón que son las que más tardan en sanar.

Un beso muy pero que muy fuerte desde el fondo del CORAZÓN

Pepe

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